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AMOR POR LA VIDA

By VidaGrata On abril 9, 2011 Under Medio ambiente

 

 

 

 

 

 

 

Sinceramente creo no equivocarme cuando afirmo con base en mi inquieta percepción de la vida, que nuestra civilización terrena avanza en forma desesperada hacia el abismo fatal de la involución. Nunca antes los seres humanos habíamos estado tan aferrados a ese credo que se obstina en venerar el beneficio material inmediato, sin preocuparse por los delicados efectos que esa demencial actitud genera en el mundo que nos alberga.

Cada vez los cambios en todos los órdenes se producen a un ritmo más vertiginoso y con ello los hombres se involucran a una existencia llena de ansiedad e incertidumbre. Participamos de una civilización que funda sus expectativas en el corto plazo y difícilmente se ocupa en proyectar su trabajo para que pueda solventar los apremios del futuro.

El ritmo con el que estamos degradando y contaminando nuestro planeta, avanza a una velocidad ostensiblemente superior a nuestra capacidad para reversar el daño que le hemos causado. Seguramente hemos aprendido a reciclar buena parte de los desechos que generamos en nuestra angustiosa carrera por alcanzar el progreso, pero bien lejos estamos de poder neutralizar la enorme carga residual que a diario le depositamos a la naturaleza. Sin darnos cuenta hemos convertido nuestro entorno en una letrina, en la que el medio ambiente es un pozo séptico próximo a saturarse. Tristemente nuestra cultura ecológica no tiene el alcance que demanda la realidad ambiental.

El problema de fondo no es solamente el volumen de esos desechos, sino el tiempo que buena parte de ellos necesita para su degradación. Los científicos y tecnólogos industriales son muy prolijos y acuciosos a la hora de crear nuevos materiales, atendiendo siempre a conceptos de costo, de resistencia, de textura, de presentación, etc., pero difícilmente se ocupan en ponderar el tiempo que los mismos necesitan para desintegrarse, una vez que han cumplido la vida útil para la que fueron concebidos. Plásticos, metales, resinas y toda clase de compuestos sintéticos, son presentados y vendidos a una sociedad de consumo que poco se interesa por conocer su efecto contaminante y su impacto ambiental. Dicen los entendidos que los desechos plásticos y en general todos los productos derivados del petróleo, necesitan cerca de cien años para volver a formar parte de la capa vegetal. Ni qué decir sobre los desechos atómicos que pueden seguir activos durante cinco generaciones. 

Para nadie es un secreto que la vida en todas sus manifestaciones depende del agua y es justamente este invaluable recurso el que ha tenido que afrontar el mayor sacrificio. En todos los hogares se drenan por los desagües una amplia gama de jabones y detergentes clorados, así como grasas y residuos de diversa índole, que por amable conducto del agua llegan a los ríos y a los mares. La industria del agro defiende su rentabilidad aplicando sin medida una ingente cantidad de pesticidas y venenos sintéticos de alta trazabilidad, los cuales terminan rodando por las vertientes hasta sedimentarse en los ríos y humedales. Para completar el cuadro, la contaminación atmosférica de las chimeneas industriales y de los motores movidos por hidrocarburos, asciende a las nubes para precipitarse luego a través de una lluvia cargada de toxinas.

No obstante ahí sigue el hombre inventando y desarrollando tecnologías peligrosas que aún no logra controlar. El accidente en el Golfo de México es una elocuente muestra de la imprevisión humana…el petróleo sigue brotando en tanto que las corrientes marinas se encargan de expandirlo sin medida. Pero este accidente con el que se ha causado un daño tan descomunal a la vida del océano, ya poco interés despierta porque ha sido opacado por la dramática catástrofe que hoy asola al pueblo nipón, destruido primero por el fatídico terremoto, anegado luego por el indolente Tsunami y amenazado ahora por el vertimiento de residuos radioactivos.

Siempre el agua sigue cargando con la culpa…en el Golfo de México se causaron enormes grietas en el suelo marino que no paran de inyectarle queroseno al océano y ahora los japoneses en medio de su impotencia para controlar el drama de las plantas nucleares, han resuelto como recurso desesperado, depositar en el mismo océano sus desechos radioactivos. ¡Cuán pobre es nuestro amor por la salud del planeta!.

Expertos aseguran que del agua total existente en el orbe, sólo el 3% presenta condiciones de potabilidad. No obstante, si se tiene en cuenta que una parte mayoritaria de ese porcentaje se encuentra condensada en los glaciares, y otra parte de agua limpia es destinada para fines agrícolas, tristemente vemos que solamente el 1% del agua contenida en el planeta, se encuentra disponible y apta para el consumo humano. A pesar de vernos enfrentados a esta triste realidad, la tacita de agua que nos queda tampoco está a salvo de los pesticidas utilizados en los cultivos de páramo donde brotan los manantiales.

Pero este mundo sigue tan campante… cuando deberíamos estar bien ocupados en el tema ambiental, en el manejo de las basuras y de los focos contaminantes, así como en la búsqueda de fuentes limpias de energía, cuando deberíamos estar dedicados a resolver los problemas urgentes que amenazan nuestra propia supervivencia, ingentes recursos económicos y humanos son ahora destinados para fabricar y proveer los pertrechos de una contienda que parece interminable…el culto por la hegemonía política y su concomitante apetito económico, el imperio de una violencia cada vez más generalizada que rebasa toda frontera, también están a la orden del día. Los noticieros son un termómetro muy elocuente: vivimos en la cultura de la guerra.

Al hombre se le fue la era de Piscis y no aprendió a cultivar el mayor de los recursos tan sabiamente enseñado por Jesús de Nazaret. Tuvimos tiempo para todo lo mundano pero se nos olvidó cultivar el amor y la solidaridad en este laboratorio de la existencia. Los japoneses en medio de tanta desolación lograron reconstruir un puente en seis días, seguramente porque el mismo infortunio logró potenciar su espíritu solidario… ¿Cuánto lograríamos los humanos si intentáramos unir nuestro esfuerzo para resolver tan acuciantes problemas y proyectar nuestro mundo hacia una existencia pacífica y respetuosa de la naturaleza?

Ciertamente no podemos hablar de una vida grata en medio de esta realidad tan absurda, pero tal vez el mundo en medio de su complejidad necesita de la adversidad para que pueda reconsiderar sus valores y ajustar su comportamiento a la necesidad de su propia supervivencia. A pesar de todo, la vida en su fuero más íntimo es realmente sabia y siempre posee los mecanismos para renovarse y corregir los errores del pasado. La carta crucial de la baraja está en las nuevas generaciones de niños genéticamente modificados por el sol de la galaxia a la que estamos ingresando. Los cambios en el ADN ya comienzan a ser una realidad y con ellos presenciaremos el advenimiento de una especie humana que no admite la mentira ni el engaño, y que mantiene el componente solidario muy por encima de las mezquindades de un ego tan oprobioso como el que hasta hoy nos ha acompañado. 

Aunque muchos lo puedan calificar como una vana ilusión o una delirante utopía, el hombre nuevo ya comienza a surgir en medio de esta anarquía, y con ese hombre renovado vendrán también nuevos paradigmas en el enfoque de nuestro sino evolutivo. El inminente relevo del sistema energético convencional hacia nuevas fuentes limpias e inagotables de generación de energía, ciertamente cambiará el panorama sobre la faz de la Tierra. No podemos seguir en esta carrera tan absurda, desinflando el planeta con la extracción irresponsable de hidrocarburos para ponerlos luego al servicio de la contaminación ambiental, en tanto debilitamos con ello el colchón que amortigua la actividad magmática del subsuelo y seguramente afectamos también el equilibrio geomagnético del planeta… no podemos seguir profanando el manto acuífero que sostiene la vida… tampoco podemos seguir arrojando interminablemente desechos de lenta degradación, porque todo esto es una bomba de tiempo que amenaza con extinguirnos. 

Si se quiere mitigar en alguna medida el daño ecológico que de manera tan indolente le hemos causado al bello planeta que nos alberga, las autoridades ambientales deben penalizar rigurosamente y sin demora a todo aquel que se comporte de manera irresponsable con el patrimonio natural. Quienes explotan la madera industrialmente, deben sembrar al menos cinco árboles por cada ejemplar talado… quienes usan las aguas en sus procesos productivos, ahora tendrán que montar plantas de tratamiento que devuelvan el recurso a su cauce en un estado igual o más puro del que tenía antes de su captación. Igual tratamiento debe corresponder a todos aquellos que arrojan a la atmósfera gases contaminantes, bien sea a través de vehículos automotores o chimeneas industriales. Necesitamos así mismo reemplazar la cultura del pesticida en los cultivos, por buenas prácticas orgánicas de control biológico. Todos los focos de contaminación deben ser objeto de una exhaustiva revisión y de un tratamiento muy riguroso, porque el tema del saneamiento ambiental ya no es un capricho sino una necesidad impostergable.

Pero más apremiante que todo eso se presenta el cambio al interior de nuestro ser… debemos venerar a la madre naturaleza con el mismo afecto que sentimos por nuestra madre carnal, y para eso nada mejor que sembrar en nuestros corazones la sabia semilla del amor y fertilizarla luego con el regio nutriente de la esperanza, para que podamos cosechar entonces, abundantes y nutritivos racimos de felicidad.

Muchas gracias por su amable presencia aquí, en Vida Grata.

 

Mauricio Bernal Restrepo.

Bogotá, Colombia.

Ilustración: No se tiene referencia del autor.

2 Comments Add yours

  1. Ricardo Becerra
    9 abril, 2011
    22:02 #comment-1

    Inquietante pero muy sabia reflexiòn Mauro , hasta donde llegaremos , tal ves nosotros estemos viviendo el proceso de deterioro ambiental , y las nuevas generaciones , seràn las que vivan la renovaciòn .

    • VidaGrata
      9 abril, 2011
      23:41 #comment-2

      No te quepa duda mi querido Richard que el tema ambiental está en la cima de los problemas que hoy debe enfrentar la humanidad, pues realmente no tenemos la capacidad de procesar la basura que generamos y la tecnología que hemos desarrollado no está preparada para afrontar los imponderables… muy diestros somos para construir plataformas petroleras y plantas nucleares, pero ante la eventualidad de un siniestro, sólo nos asiste una triste impotencia para corregirlo… de ahí la importancia y la urgencia de reorientar nuestro proceso evolutivo hacia otras formas más amigables con el hombre y la naturaleza. Fraternal saludo.

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