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EL ARTE DE LA CONTEMPLACIÓN. (Parte 2)

By VidaGrata On marzo 8, 2010 Under Sin categoría

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 Ya nos habíamos referido en nuestra inserción anterior, aunque en una forma anecdótica, sobre la importancia de adoptar una actitud contemplativa en los distintos eventos de nuestra vida, justamente porque cada imagen que observamos con detenimiento, con frecuencia parece que nos invita a penetrar en su íntima naturaleza. A partir de la contemplación es posible desentrañar ese conocimiento que difícilmente alcanza a percibir nuestra mente distraída. A más de eso, siempre hemos creído que la contemplación es un estado que nos permite degustar la verdadera esencia de la vida, pues las personas que acostumbran vivir en ese afán permanente que sólo conoce el angustiante apremio del tiempo, difícilmente logran disfrutar de su existencia y sí con mucha frecuencia se convierten en presa fácil de una morbosa ansiedad y toda suerte de estados depresivos adversos. Así pues, el ejercicio de la contemplación resulta de invaluable ayuda para comprender mejor nuestro rol en esta vida terrena, al tiempo que nos abre una ventana muy propicia para percibir esa inefable belleza que subsiste en forma soterrada. Quienes protegemos nuestra vida de la duda con el sacro manto de la fe, fácil nos resulta comprender la trascendencia de la Deidad como imagen cimera en esa necesidad contemplativa que nos demanda nuestro fuero interno. Infortunadamente no podemos observar físicamente a nuestro Creador y eso nos obliga a contemplarlo con ese ojo intuitivo que habita en lo más recóndito de nuestro corazón. Sin duda alguna esa es la primera imagen que debemos contemplar, pero a ella sólo podemos llegar con ese pálpito interior que sólo puede ver a través del sentimiento. A partir de esa imagen tan gráficamente imperceptible pero tan emotivamente diáfana, desfilan por el insondable universo y por el entorno terreno, millones de formas que podemos contemplar ahora sí con nuestros propios ojos. Somos parte de un sistema planetario que vive en constante evolución y que avanza con estricta sujeción a esa armonía tan propia de lo celeste. Rutilantes estrellas girando en torno de su núcleo vital, conforman sistemas planetarios que se reproducen y multiplican en forma de galaxias y estas a su vez integrándose en dimensiones cada vez mayores y ciertamente imponderables para nuestra diminuta compresión. Pero aquí permanecemos dispuestos a contemplar lo que nuestro órgano visual nos permite alcanzar. Estamos presentes y formamos parte de un sistema solar, en el que danzamos de una manera sincrónica con nuestros planetas hermanos, siempre venerando al majestuoso sol que tanto nos alienta con su bondadoso rayo benefactor. Recibir el influjo solar es permitirle a las células nutrirse con la savia universal. Gracias a esa magna estrella que comanda nuestro sistema, la energía lumínica se desplaza por la noche espacial hasta llegar a nuestro planeta, para transmutarse en materia viva, en elemento físico y químico actuante y mesurable, justamente a través de la bendita y discreta fotosíntesis. Este hermoso planeta Tierra, gira y se desplaza en el espacio sideral, por gracia de esa emanación lumínica que proviene de nuestro sol, quien a su vez actúa como emisario de una radiante energía que le remiten otros soles de mayor trayectoria en el universo. Por todo eso nuestro sol es el primer objeto de contemplación que disponemos los seres humanos y todas las criaturas vivientes como los heterogéneos vertebrados, los diminutos insectos que vitalizan los follajes, las aves que tanto ornan los cielos y los árboles, los peces que ondulan el agua y conviven con las algas, y hasta las mismas diminutas bacterias que tan diligentemente transforman la naturaleza. Todas estas criaturas y también nosotros, quienes a veces no honramos la condición de seres racionales, sin duda somos beneficiarios muy privilegiados del mensaje fotónico que tan generosamente nos remite el astro rey. Nuestro sol es una radiante estrella que en su constante actividad, nos habla desde una distancia enorme para nuestra comprensión y milimétrica para las profundidades del espacio. Situado a poco más de 142 millones de kilómetros, la fuerza de sus fotones llega como una paloma mensajera hasta las entrañas de nuestras células y el micrométrico núcleo de nuestros átomos. El sol abraza todo cuanto existe en el amplio entorno que alcanza a cubrir su rayo esplendente. Él ha sido creado y asignado por la Deidad para manejar las riendas de nuestro sistema planetario, en un mandato que le fue otorgado hace cinco millones de años cuando fue creado, y para ello ha sido dotado con una energía que difícilmente podemos asimilar. Convirtiendo el hidrógeno en helio, el sol alcanza en su superficie una temperatura que ha sido estimada en 5.780 grados Kelvin, equivalentes a 10.400 grados Fahrenheit, los cuales representan apenas una débil muestra de los 15 millones de grados Kelvin, equivalentes a 27 millones de grados Fahrenheit, que el sol produce en la intimidad de su núcleo. Lógicamente una energía de esta magnitud resulta más que suficiente para animar todo nuestro sistema solar, gracias al esmerado trabajo que realizan esos incansables viajeros espaciales conocidos como los fotones y los neutrinos.

Pero a estas alturas mis queridos lectores seguramente se estarán preguntando…¿qué relación tiene todo esto con el tema de la contemplación?. Pues la verdad es que la pertinencia es total porque el sol es el vehículo que la naturaleza ha dispuesto para elevar nuestra conciencia y conocer el universo. Siempre hemos creído que la exposición a los rayos solares es peligrosa para la salud y esto no es del todo cierto, si comprendemos la manera adecuada para aproximarnos a esta estrella prodigiosa. Existe una franja horaria en la que podemos mirar el sol cara a cara sin ningún peligro para nuestra piel, ni para nuestros órganos visuales. Diríamos mejor que son dos franjas horarias, en la mañana cuando el sol asoma en el horizonte y en el ocaso cuando lentamente se oculta para darle paso a la noche. Una hora después del amanecer y una hora antes del anochecer son los espacios de tiempo permitidos. Prueba fehaciente de ello es la práctica de lo que ha sido denominado el “Sun Gazing” o “Sungazing”, una acepción inglesa que podríamos pronunciar algo así como “sangeizing”, la cual se refiere a una disciplina oriental destinada a la ciencia de la contemplación solar, en una forma totalmente segura y con increíbles beneficios para nuestra salud física, mental y espiritual. En el curso de esas dos franjas los rayos ultravioleta son inocuos y de muy baja intensidad, lo cual nos permite recibir la energía solar como todo un extracto de vitalidad. Lógicamente quienes practican este arte requieren una estricta disciplina, pero que no por estricta resulta complicada. Todo lo contrario. Se trata de contemplar el sol en una de las dos franjas permitidas, con los pies descalzos y en contacto con la tierra o con la arena. El tiempo de exposición o contemplación va creciendo paulatinamente, de tal manera que el primer día sólo se debe observar el sol durante diez segundos y cada día se agregan otros diez segundos, es decir, el segundo día veinte segundos, el tercero treinta y así sucesivamente. No se trata de focalizar la vista hacia un punto particular del sol, sino que debemos observarlo naturalmente en todo su entorno. Para ello nos situamos de pie, con el cuerpo relajado y la mente proclive a recibir toda la benefactora energía del astro rey. A los tres meses de practicar este ejercicio, el tiempo de contemplación alcanza los quince minutos diarios y en ese momento todos los problemas de tensión mental habrán desaparecido. A los seis meses el tiempo de contemplación ya alcanza los 30 minutos diarios, momento en el cual el cuerpo se habrá liberado de todos sus males, dolencias y enfermedades. Si ese era el propósito, se puede concluir ahí el ejercicio y buen dividendo se habrá obtenido al recuperar y potenciar la salud física y mental. No obstante, si se quiere seguir avanzando, habrá de continuarse la práctica diaria, de tal manera que a los nueve meses el tiempo de contemplación diaria se aproxima a los cuarenta y cuatro o cuarenta y cinco minutos y ese es el límite máximo que no podemos exceder. En ese momento la sensación de hambre va desapareciendo y quienes con disciplina logran alcanzar este nivel, pueden seguir el resto de su vida sin necesidad de ingerir alimentos y sólo bebiendo agua. Así su cuerpo, su mente y su espíritu tendrán una salud, un bienestar y una felicidad inenarrables, porque toda la energía que antes era requerida para el proceso digestivo, ahora se orienta a vitalizar y nutrir las células en forma directa con el sol. Simplemente el proceso de fotosíntesis que el sol realiza en las plantas para convertir la energía en nutrientes, ahora es realizado directamente en el cuerpo como si este fuera una planta más del reino vegetal…son los fotones con toda su energía lumínica quienes ahora penetran el cuerpo para nutrirlo. Justamente eso es lo que hacen las plantas…contemplar el sol todo el día, con la diferencia que a ellas sí les está permitido vulnerar la franja, porque poseen fitonutrientes o fitoquímicos, especialmente aquellos conocidos como flavonoides, los cuales las protegen de los rayos ultravioleta. Este es sin duda un tema muy difícil de asimilar, pero muy veraz a la hora de entenderlo y practicarlo. Por el momento yo no pienso renunciar a la sopita, pero ciertamente me apasiona la idea de poder vivir frente al mar o en un lugar donde se divise el horizonte, para poder disfrutar con agrado y en forma reiterada, la reconfortante caricia del sol.

Para quienes deseen profundizar en este tema, aquí les dejo tres enlaces bien interesantes. El primero es un video en el que Hira Ratan Manek, máximo exponente y pregonero del Sungazing, nos habla de su experiencia. El segundo enlace es un artículo muy documentado sobre esta ciencia y el tercer enlace es un foro en el que se pueden leer y evaluar las experiencias obtenidas por distintos practicantes de esta portentosa disciplina.

http://www.youtube.com/watch?v=307QRaTVrcU

http://www.falconblanco.com/fbspain/sungazing/manekji.htm

http://sungazers.foroactivo.net/testimonios-segundo-trimestre-hasta-30-minutos-f7/30-minutos-de-sungazing-t277.htm

Un abrazo muy cálido para todos ustedes, en tanto nos volvemos a encontrar justamente aquí, en Vida Grata.

Mauricio Bernal Restrepo.

Bogotá, Colombia

Ilustración: No se tiene referencia del autor.

6 Comments Add yours

  1. Fugaz
    9 marzo, 2010
    6:26 #comment-1

    No había oído hablar de esta técnica de contemplación del sol, me parece muy interesante y más teniendo en cuenta de que es algo que se consigue de una forma paulatina, sumando tiempo a diario aunque sea en proporciones muy pequeñas así a simple vista, pero llegando a conseguir un estado de concentración y contemplación que ayude al cuerpo a liberarse de la mente y sentirse bien y saludable. Me ha parecido muy interesante esta técnica, como dije antes no la había oido nombrar siquiera.

  2. Isol
    11 marzo, 2010
    0:47 #comment-2

    No conocía esta tecnica pero si conozco la sensación de mirar de cara al sol con los pies descalzos en los momentos en que es grato ver al sol,y ese abstraerse del mundo y relajarse contemplando maravillas la verdad es que es muy gratificante,no hay lugar para ansiedades cuando te llenas de tanta energía,me gustó leerte porque me hizo valorar aun más esos ratos que gustosamente me regalo a diario,un abrazo amigo querido!

    • Anónimo
      11 marzo, 2010
      17:12 #comment-3

      Cada que tengo oportunidad de ir al litoral mi querida Hadita, existe un momento a la hora del ocaso en el que acostumbro desplazarme a alguna playa muy tranquila para contemplar en una forma casi que ritual, el sol en su lenta agonía hasta que desaparece en el horizonte… pero eso lo hacía yo mucho antes de enterarme sobre la existencia del Sungazing. Ahora que ya conozco las bondades de esta disciplina, siento redoblada la necesidad de nutrirme con esa maravillosa energía fotónica. Pocas imágenes como esa me reportan tanta paz interior.

      Recibe un abrazo muy cariñoso,

      Mauricio.

  3. Anónimo
    11 marzo, 2010
    17:37 #comment-4

    Realmente yo también vine a enterarme recientemente sobre la existencia de esta disciplina y lo que más me impresionó, fue saber que a través de esa contemplación solar, el cuerpo comenzaba no sólo a curarse y depurarse gradualmente, sino que adicionalmente comenzaba a realizar su propia fotosíntesis para nutrirse directamente del astro rey, hasta llegar al hecho por demás insólito y milagroso, de poder prescindir de los alimentos tradicionales. A través de la contemplación y de la buena voluntad, el practicante va adquiriendo la capacidad para abreviar esa transformación física y química que el sol realiza en el reino vegetal, hasta lograr que su propio cuerpo realice directamente esa transformación nutricional sin ninguna intermediación… esto es algo que uno difícilmente alcanza a comprender, pero que en sana lógica resulta completamente factible, porque al igual que las plantas, nuestros átomos están conformados por la misma energía vital, por ese “prana” con el que se nutre la enorme placenta universal.

    Recibe todo mi aprecio,

    Mauricio.

  4. mary carmen
    11 marzo, 2010
    23:24 #comment-5

    MAURICIO AMIGO: ERES MUY PROFUNDO. NO CO-
    NOCIA ESA FACETA DE TÍ TAN INTERESANTE.
    ME HA GUSTADO MUCHO TU ESCRITO, PERO ME HA
    DEJADO ESTUPEFACTA, PORQUE NO SABÍA QUE EL
    REY SOL PUDIERA EJERCER ESOS BIENES EN LA NA-
    TURALEZA HUMANA.
    FELICITACIONES.
    UN ABRAZOTE
    MAICA

    • vidagrata
      12 marzo, 2010
      17:59 #comment-6

      Hola mi querida Maiquita:
      Muchas gracias por esas palabras tan amables y bonitas, aunque eso no es nada nuevo, pues tú siempre conservas la gentileza a flor de piel. Ahora me propongo incursionar un poco en este ejercicio conceptual, porque también me agrada mucho y me permite igualmente compartir todas esas inquietudes que uno mantiene guardadas. Ojalá pueda tener la lucidez mental y la voluntad interior para desarrollar algunos temas que concurran a la idea de buscar que esta vida sea realmente grata. Esto que he narrado acerca del sol es uno de los tantos misterios que nos reserva la bella naturaleza y seguramente por eso nuestro astro rey fue tan venerado por distintas civilizaciones en la antigüedad. A veces parece que nos hubiésemos olvidado sobre el origen de esa inefable energía fotónica que nutre nuestra vida. No me cabe duda que el sol es el emisario que Dios ha designado para catapultar nuestro mundo hacia un estado de conciencia superior.

      Recibe un abrazo muy cariñoso de este amigo que tanto te valora y aprecia.

      Mauricio.

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