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LA LOCURA HUMANA (Primera parte)

By VidaGrata On mayo 18, 2013 Under Medio ambiente

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Si bien es cierto que la humanidad siempre se ha visto enfrentada a toda suerte de adversidades y conflictos, el panorama tan caótico que hoy se dibuja en nuestro mundo rebasa toda consideración. Definitivamente la condición política de los hombres se quedó a la zaga de los apremios que demanda una civilización tan convulsionada como la nuestra. El cotejo de las fuerzas que intervienen en nuestro proceso evolutivo difícilmente encuentra un sendero de conciliación… mientras unos claman por un cambio urgente en la orientación de nuestro destino, otros obstinadamente se ocupan en conservar el actual estado de las cosas para perpetuar con ello toda clase de privilegios.

La eterna contienda entre un amplio conglomerado que clama por la equidad y una apoltronada dinastía dueña del poder industrial y financiero, no parece encontrar un camino hacia el consenso. En medio de una dialéctica ciertamente confusa y enconada, apólogos y detractores siguen esgrimiendo sus argumentos, en tanto se hunden en unas actitudes cada vez más frenéticas y beligerantes. En el panorama geopolítico de nuestro mundo se robustece exponencialmente la pandemia de una enardecida confrontación, tristemente asistida por una tecnología armamentista que evoluciona en forma meteórica. Los misiles que hoy se encuentran emplazados apuntando al cielo ya tienen la suficiente capacidad para arrasar con el planeta y buena parte de su entorno espacial, pero no obstante los seguimos fabricando con sucesivas y sofisticadas innovaciones.

En el año de 1997 las cinco potencias nucleares tenían emplazados y listos para detonar 36.000 dispositivos atómicos de destrucción masiva, de los cuales algunos se han ido desmontando hasta llegar a la cifra de 22.000, todos ellos listos y bien dispuestos para obedecer las órdenes de frenéticos gobernantes. Esto ocurría hace 16 años y por elemental consideración a los seres humanos creemos que es mejor no actualizar las cifras. Si bien en el tiempo posterior a 1997 se ha podido desactivar otra considerable cantidad de misiles, más por razón de su obsolescencia que por una sincera voluntad de paz, los nuevos desarrollos seguramente auguran una “promisoria” capacidad operativa que permite orientar desde un teclado y con precisión milimétrica, unas cabezas más compactas en su tamaño pero abrumadoramente más potentes en su capacidad letal y destructiva. Esto que bien podríamos denominar como una “ecuménica cultura de la muerte”, es a no dudarlo un síntoma bien palmario sobre el estado actual de la locura humana.

Cuando pasamos la página del tema armamentista, nos encontramos con otro capítulo que nos habla sobre la agonía de un planeta que se asfixia en medio de los nocivos desechos que producen sus pobladores… la salud ambiental de nuestro orbe nunca se había visto tan amenazada por una acumulación de residuos y basuras que presentan como preocupante característica una lenta degradación que la actual tecnología no alcanza a procesar… una bolsa de plástico requiere pocos segundos para su fabricación y cien años para su biodegradación.

Toda vez que no resulta fácil conseguir una cifra consolidada sobre la generación de basura a nivel mundial, una mirada al territorio estadounidense nos brinda una magnitud muy significativa del problema. Solamente en este país se arrojan 260 millones de toneladas de residuos residenciales cada año. Esto significa que cada persona genera aproximadamente dos kilogramos de desperdicios cada día… a ello se suman los desperdicios comerciales que representan 40 millones de toneladas, los desperdicios industriales que oscilan entre un amplio margen de 50 a 350 millones de toneladas, quedando por cuantificar el inmenso caudal de desechos que producen la agricultura y la minería. En síntesis se calcula que la producción total de las basuras en Estados Unidos asciende a la abrumadora cifra de 4 mil millones de toneladas anuales, de las cuales se estima que un 45% son arrojadas a los botaderos a cielo abierto sin que sufran un proceso de reciclaje o transformación. Si esto ocurre solamente en el precitado país, ya podemos imaginar la dimensión del problema a nivel mundial. Sólo con pensar en la adición de la basura asiática nos acomete una trémula sensación de pánico.

La tercera página de este tratado sobre la demencia humana nos trae otro inquietante motivo de preocupación. La industria de agroquímicos sigue con sus ojos puestos en la rentabilidad y productividad de los cultivos, sin preocuparse mucho por el efecto devastador que sobre los insectos y la fauna microbiana ocasiona la aspersión de pesticidas químicos y sintéticos de alta trazabilidad. Las abejas como especie polinizadora y preservadora de la vida nunca antes había visto su existencia tan amenazada, hecho que cobra especial dramatismo si se tiene en cuenta que la agricultura mundial depende en un 70% de la polinización de los insectos, pero no obstante los grandes laboratorios continúan elaborando sus letales venenos para animar el comportamiento ascendente en la curva de su rentabilidad. La verdad es que el avance en el control biológico de plagas, eso que los soñadores conocemos como agricultura limpia o buenas prácticas agrícolas (BPA), poco interesa a los fabricantes de agrotóxicos y neurotóxicos.

Extinguir las abejas y muchos otros insectos que cumplen una misión tan indispensable en la preservación del equilibrio natural, sin duda constituye un grave atentado contra la salud ambiental y la permanencia de la vida… el costo que a futuro pagaremos por ello resulta imponderable. Lo que está en juego es la supervivencia de un reino vegetal que permanentemente evoluciona por gracia del abnegado y eficiente trabajo que realizan estos invaluables artrópodos. Pero el motivo de preocupación no termina ahí, pues ya la ONU ha prendido sus alarmas para advertir sobre el peligro que esta insensatez representa para la cadena trófica, así como para la sostenibilidad alimentaria, habida cuenta del ritmo creciente con el que evoluciona la población mundial.

Ni qué decir del daño que igualmente ocasionan estos pesticidas al género de los anélidos que de una manera tan diligente trabajan por la restauración y conservación del suelo, ayudando sin tregua a la conversión de los nutrientes, a la generación de ácidos húmicos y a la homogénea permeabilidad del agua que los humecta, por efecto de los micro  poros o micro túneles que se derivan de su permanente actividad… la extinción de las lombrices es sinónimo de erosión. El beneficio edafológico de esta especie es bien importante, toda vez que en su peculiar conformación hermafrodita, una lombriz genera 10.000 descendientes en el término de un año. Por otra parte tenemos que una tonelada de lombriz se devora 250 toneladas de tierra al año, de las cuales el 40% contribuye al desarrollo de su organismo, en tanto que el 60% restante lo convierte en humus. A más de eso, el compostaje utilizado en la lombricultura, ese sustrato conformado por desechos vegetales (celulosa)  y desechos orgánicos (estiércol), pasa de ser una materia fétida y llena de gérmenes patógenos, para convertirse a través del proceso digestivo del preciado anélido en un valioso sustrato limpio de bacterias nocivas, rico en nutrientes y bacterias benévolas, con olor agradable y suave textura, así como con una especial capacidad para controlar la erosión de los suelos. Justamente esta generosa bondad natural es la que estamos sacrificando cuando fumigamos en forma indolente con estos venenos que tanto daño ocasionan al medio ambiente. Por supuesto que la agricultura siempre necesitará insumos para atenuar el impacto de las plagas, pero ello debe realizarse a través de sustancias y procedimientos biológicos que sean amigables con la naturaleza… el concepto de la rentabilidad en los cultivos no puede ignorar la preservación de la vida.

Seguimos con otra triste página en el libro de la locura humana, relativa al ritmo tan vertiginoso con el que estamos arrasando el patrimonio forestal de nuestro planeta. La tala indiscriminada de árboles maderables sin una adecuada política de resiembra, así como la aniquilación de extensas zonas selváticas y de bosque nativo con su rico sotomonte, para incorporarlas generalmente a la producción agropecuaria o minera, así como a funestos propósitos relacionados con la producción de estupefacientes, sin duda nos augura lo que será la vida para las futuras generaciones, especialmente en lo relativo a la biodiversidad y a los veneros de agua manantial que hidratan y nutren la vida del planeta.

Bastan unas leves cifras relativas a la tala de bosques a nivel mundial para formarnos una idea sobre la magnitud de esta dramática realidad. Tanto por causa del espíritu devastador con el que el hombre trata su entorno natural, como por la acción inexorable de las conflagraciones ocasionadas por las inclemencias del clima, cada semana el planeta pierde una superficie forestal que supera un área equivalente a 325.000 campos de fútbol, lo que se equipara aproximadamente  a 3.510 millones de metros cuadrados de bosque que se pierden semanalmente, es decir, 182.520 millones de metros cuadrados cada año. En otras palabras, nuestro sufrido planeta pierde cada año un área de bosque comparable al soberano territorio de Uruguay. Más dramático no puede ser el panorama que enfrenta nuestra querida madre naturaleza.

Toda vez que la extensión de esta nota debe guardar alguna consideración hacia  nuestros amables lectores, interrumpimos aquí temporalmente este prontuario de síntomas sobre eso que hemos querido denominar “La locura humana”. De hecho esto nos compromete a continuar con el tema más adelante porque aún nos quedan algunas inquietudes que nos causan honda preocupación y que a nuestro modo de ver, constituyen una bomba de tiempo que amenaza seriamente nuestra subsistencia.

De nuevo mil gracias por su amable presencia aquí, en Vida Grata.

 

Mauricio Bernal Restrepo

Bogotá, Colombia

Ilustración: Fuente: http://tinyurl.com/cvslkfx

 

2 Comments Add yours

  1. Kobe
    7 junio, 2013
    2:20 #comment-1

    “Si merecieron ser admitidos en el senado de los dioses los que descubrieron el vino, el trigo, o cualquier otra cosa útil al género humano, ¿cómo puede negárseme a mí el derecho de ser y llamarme el alfa de todos ellos, a mí, que soy para todos el manantial de toda clase de bienes?
    La locura.
    (Escrito por Erasmo hace 504 años en medio de de una crisis del pensamiento similar a la de hoy)
    ___
    Difícil comprender una visión tan ingrata de la vida y de la historia humana. Contrasta el contenido de esta nota con el título de un blog tan bien escrito y, sobre todo con la vida.

    Las cloacas de París son el resultado de la locura humana que reaccionó para el progreso de una ciudad que, en 1935, “se asfixia en medio de los nocivos desechos que producen sus pobladores”. Las cloacas siguen ahí, y apestan pero gracias a ellas los parisinos respiran sin mayores temores.

    No quiero alargarme. Simplemente, no me uno al coro de autoflagelantes que se acusan al condenar a la humanidad. No soy culpable de ninguno de los males de la tierra y tampoco, por desgracia, de maravillas como el TAC, la genética o este internet que nos permite mostrar al mundo nuestra necedad, nuestra locura.

    Cordial saludo.

    • VidaGrata
      7 junio, 2013
      5:44 #comment-2

      Muchas gracias por su interesante comentario que por cierto me deja no pocas reflexiones… sin duda el contenido de este artículo contrasta con el concepto que sugiere el título del blog. Cabe preguntarse ¿cómo podríamos avanzar hacia una vida grata en medio de esta torpe irracionalidad con la que se orienta nuestro mundo contemporáneo?… necesariamente debemos identificar nuestros yerros como prerrequisito para poder diseñar y poner en marcha el mundo que anhelamos.

      Fraternal saludo.

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