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LA LOCURA HUMANA (Segunda parte)

By VidaGrata On diciembre 4, 2013 Under Medio ambiente

                                                                                         

                                                                                                                                                                                                              

En la primera entrega de este artículo tuvimos la oportunidad de identificar algunas modalidades mediante las cuales nuestra civilización actual asedia en forma permanente la estabilidad ambiental del planeta.

Como punto de partida hicimos referencia a esa desenfrenada carrera armamentista que en forma tan absurda exhibe hoy los avances de una mortífero ingenio nuclear. Mencionamos también la impotencia de nuestra tecnología frente al manejo que demanda el ritmo creciente con el que se generan y acumulan las basuras a nivel orbital, especialmente aquellas de lenta degradación. Acto seguido nos ocupamos en el drama que representa la indolente proliferación de pesticidas químicos en la actividad agropecuaria, con su letal efecto sobre la micro fauna, que amenaza no solamente a los organismos vivos del subsuelo, sino también a especies volátiles como la abeja, maravillosa criatura melífera que trabaja sin tregua en su paciente y metódica labor polinizadora. Finalmente hicimos referencia a la irrefrenable velocidad con la que avanza la deforestación mundial, proceso en el cual está en juego no sólo la biodiversidad vegetal, sino también y muy especialmente la permanencia de los veneros y fuentes acuíferas en las que brota el líquido vital.

Corresponde ahora mencionar otros aspectos que son motivo de profunda preocupación en este sendero de la salud pública y la preservación ambiental.

Sigue en la página de los descalabros ocasionados por el género humano la devastadora actividad de las explotaciones mineras a cielo abierto, causantes sin duda de la mayor ruina edafológica. De su funesta labor queda el panorama desolador de unos terrenos erosionados que sólo resultan recuperables a muy largo plazo, así como una imperdonable contaminación en los arroyos, ríos y humedales que siguen su curso a través de las vertientes, llevando finalmente cianuro y metales pesados hacia el océano donde los espera el hidrocarburo derramado por los buques petroleros y por los frecuentes accidentes que se presentan en las plataformas extractoras. Estos vertimientos de petróleo en el océano a los que ya estamos tan acostumbrados no sólo afectan los entornos en los que se producen tales accidentes, pues bien sabemos que las corrientes marinas se encargan de llevar su efecto contaminante a todas las zonas de riqueza coralina y pesquera. Convertir al océano en hospedero de ese enorme caudal de sustancias contaminantes acarrea por supuesto unas consecuencias muy severas en el equilibrio ácido-básico de sus aguas. Según se desprende del informe emanado del Programa Internacional Geosfera-Biosfera, el proceso creciente de acidificación oceánica que ocasionan los residuos generados por la actividad humana, amenaza con extinguir el 30% de las especies marinas en los próximos 75 años. Así el planeta se va enfermando desde el cuerpo de sus suelos y la sangre de sus aguas, todo por gracia de la despreciable indolencia con la que el hombre trata a la pródiga naturaleza. La fiebre por el oro y las necesidades de una industria ávida de metales para sus procesos productivos, se unen en un nefasto contubernio con la infatigable succión de hidrocarburos hasta dejar la corteza terrestre lacerada y el lecho marino cada vez más inerte, todo ello a nombre de un malhadado concepto del desarrollo que siempre busca la fortuna material por encima del bienestar humano y la salud del ecosistema.

Pero aquí no termina esta danza de la muerte, pues ya las modalidades de contaminación ambiental han logrado trascender hacia unos niveles muy sutiles y difícilmente perceptibles por el ojo humano. Eso justamente es lo que ocurre con las corrientes electromagnéticas que sin ninguna consideración se emiten por esa intrincada red de antenas emisoras de microondas con las que opera la industria de las telecomunicaciones, a más de otras fuentes contaminantes como las torres de conducción eléctrica, los transformadores de corriente, las redes computacionales y algunos electrodomésticos como los hornos de micro ondas.

Hoy la gente clama en muchos países para que las antenas de telefonía celular sean instaladas a una distancia mínima de 1.000 metros de las escuelas, hospitales y centros residenciales, pero no obstante se siguen instalando en forma masiva sobre las techumbres de los edificios y en medio de los conglomerados humanos. La población que habita en los entornos urbanos vive en medio de un campo electromagnético bastante riesgoso para la salud. Estas señales de moderada potencia pero de elevada frecuencia constituyen a no dudarlo una real amenaza para la estabilidad celular de todos los organismos vivientes. Oportuno resulta citar un artículo escrito por la investigadora Mercedes Arroyo de la Universidad de Barcelona, en el cual describe una serie de fuentes bibliográficas muy pertinentes a este tema que tanto nos inquieta. Cabe aquí preguntarse cuántos tumores y daños irreversibles en las personas expuestas a esta lluvia electromagnética deben presentarse para que esta práctica sea reglamentada… la tarea reguladora apenas comienza pero está muy lejos de avanzar al mismo ritmo con el que evoluciona la creciente infraestructura de estas fuentes contaminantes.  En buena hora Suiza e Italia han comenzado a legislar en este sentido, pero infortunadamente los entes reguladores a nivel orbital parecen estar más ocupados en el avance y expansión de esta pujante e irrefrenable actividad.

Recientemente los habitantes de Bogotá tuvimos una alarmante noticia en la cual se nos informaba que gracias al advenimiento de la nueva tecnología de cuarta generación (4G) en la industria de la telefonía móvil, las 10.000 antenas instaladas actualmente en la ciudad serían cuadruplicadas, pasando así a un maravilloso parque tecnológico de 40.000 antenas que aumentarán la ya crítica ionización de nuestro entorno. Pero no hay necesidad de preocuparse por ello, pues los apólogos y promotores al servicio de estos emporios de la comunicación conservan bien memorizado el estribillo que repiten incansablemente, en el cual afirman que no existen evidencias sobre efectos nocivos para la salud en las personas, por causa de las radiaciones emitidas a través de las antenas de telefonía celular. El derecho a la precaución queda en consecuencia derogado, al tiempo que nosotros seguimos indagando cuántos efectos adversos en la salud de las personas debemos presenciar para que la autoridad ambiental despierte de su sueño burocrático y comience a regular con el debido rigor sobre la instalación de tales antenas.

Paradójicamente vemos que va a ocurrir exactamente lo contrario, toda vez que ya el gobierno distrital ha manifestado su intención de eliminar algunas de las trabas e impedimentos que venían obstaculizando la instalación de estas estructuras. Por lo pronto nos atrevemos a presagiar que este tipo de violencia tecnológica motivará con el tiempo un desplazamiento de la población urbana hacia el entorno rural, justamente para eludir los efectos de esa pavorosa tormenta electromagnética que se aproxima.

Pasemos entones a otra lamentable realidad dentro de este dantesco tema de la locura humana. Mientras todo lo anterior ocurre, los encargados del progreso siguen extrayendo recursos del subsuelo para ponerlos al servicio de la contaminación… muchas ciudades han perdido su esplendor por causa de la turbidez que en el aire deja la irracional emisión de dióxido de carbono. El desarrollo de nuevas fuentes de energía limpia hoy no goza de mucho patrocinio porque la alta rentabilidad del petróleo así lo determina. Estamos desinflando el subsuelo del planeta sin advertir los riesgos que ello ocasiona en la estabilidad geológica y magmática. La desenfrenada extracción de hidrocarburos, minerales y gas, genera un vacío subterráneo que necesariamente facilita el desplazamiento de las placas tectónicas, lo cual se traduce en un aumento de la actividad sísmica. De otra parte sólo Dios sabe el efecto que esta extracción intensiva pueda estar ocasionando en el equilibrio geomagnético del planeta. El impacto ambiental de estas actividades resulta cada vez más preocupante.

Para nuestra prolija actividad científica todo tema es susceptible de estudiarse, siempre y cuando no se relacione con la custodia del equilibrio natural… eso es lo que parece insinuarnos esta demente obsesión por un crecimiento económico que avanza sin consideración alguna por la salud del ecosistema. Lamentablemente hoy impera la cultura del desecho indiscriminado y del trato degradante hacia la naturaleza en todas sus formas y manifestaciones. El manejo de sustancias peligrosas que arroja la actividad productiva aún no cuenta con una infraestructura y una reglamentación que proteja a los humanos de su efecto nocivo y hasta letal. El agua de los ríos y vertientes se ha convertido en el vehículo para evacuar los residuos del conglomerado industrial y de las basuras que generamos los humanos.

Los esfuerzos por desarrollar una industria de reciclaje resultan agónicos frente al volumen de esos residuos. Aunque no hemos podido hallar una información detallada, solamente en el tema de los desechos que arroja una parte de la industria automotriz a nivel mundial, la cifra es bien preocupante… el parque automotor del planeta se libera anualmente de 1.000 millones de llantas usadas que en su mayor parte van a parar a los botaderos de basura. Realmente creemos que este cálculo se queda corto cuando observamos que solamente los Estados Unidos participa con 250 millones de llantas dentro de esta cifra global. Si bien este desecho presenta unas posibilidades de reciclaje muy interesantes como es el uso del caucho resultante en la preparación de material asfáltico, el volumen de esta aplicación aún está lejos de poder mitigar el impacto ambiental y de salud pública que ello genera, pues las llantas descartadas son habitáculo seguro para la incubación de insectos y gérmenes patógenos. Ni qué decir de su muy lenta degradación y de los tóxicos gases que ese proceso genera. Si solamente las llantas usadas que el mundo desecha comportan un problema de una dimensión tan dramática, ya podremos imaginar el impacto de todas las basuras y residuos que se generan como resultado de la actividad industrial a nivel mundial.

En nuestro torpe proceso evolutivo todo tema es susceptible de estudiarse siempre y cuando no se relacione con la custodia del equilibrio natural… eso es lo que parece insinuarnos esta demente obsesión por un crecimiento económico que avanza sin consideración alguna por la salud ambiental del planeta. Tal es la percepción que nos acompaña al escribir esta nota en la que pretendemos justificar el enunciado que la gobierna. Muy urgente resulta entonces el cambio de actitud que debemos adoptar frente a la naturaleza, so pena de tener que sufrir serias adversidades en el tiempo que se aproxima.

Seguramente quedan muchas reflexiones pendientes dentro de este álgido tema, sobre las cuales sin duda nos iremos ocupando en lo sucesivo. Por lo pronto esperamos que estas dos entregas sobre la locura humana despierten un mayor interés en nuestros amables lectores, para que en la medida de sus posibilidades se conviertan en fieles custodios de este bello planeta que tan generosamente nos alberga en la tercera instancia del sistema solar.

Aprecio y agradezco mucho el tiempo que tan gentilmente han destinado para leer estas sencillas inquietudes. Con el mayor agrado espero verlos nuevamente aquí, en Vida Grata.

Mauricio Bernal Restrepo

Bogotá, Colombia

Ilustración: Imagen tomada de: www.selinafenech.com

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                            

 

 

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