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LA NUEVA ENERGÍA DEL UNIVERSO

By VidaGrata On diciembre 19, 2012 Under universo


 

 

 

 

 

 

 

 

Cómo quisiera yo tener la visión y la entereza para comprender a cabalidad este cambio tan dramático al que hoy la humanidad se ve enfrentada. Cada vez mis pensamientos concurren con más precisión hacia la idea de percibir este mundo situado en los umbrales de una metamorfosis en la cual podemos advertir cambios diametrales en todos los aspectos que conforman y acompañan nuestra vida. La aplicación del conocimiento con su irrefrenable progresión geométrica nos ha llevado a un ritmo en el que todo lo novedoso resulta obsoleto desde el mismo momento de su aparición. Los días se han hecho más cortos y el tiempo en un sentido general, sin duda es más efímero.

Todo parece indicar que los hombres no hemos tenido la inteligencia para comprender el real sentido de la existencia y por eso ahora el Universo toma cartas en el asunto para encauzar nuestro destino. Nos hemos dedicado a perfeccionar sofisticados instrumentos y complejas estrategias al servicio de la confrontación bélica, al tiempo que ajenos a toda consideración ambiental, seguimos vulnerando de manera torpe el equilibrio ecológico, en aras de un progreso desesperado que desdeña la suerte de las futuras generaciones. Tampoco pudimos comprender que la paz entre los hombres sólo tiene sustento en la medida que todo ser humano pueda tener acceso a los beneficios de ese progreso. El concepto de la ecuanimidad siempre resultó peligroso para quienes de manera tan obsesiva le rinden culto a la mezquina y nefasta egolatría.

Paradójicamente seguimos creyendo que nuestro destino depende solamente del arbitrio humano, sin percatarnos que el hogar terreno realmente pende de ese hilo vital que sostiene el Universo. Después de navegar solitario por muchos años en el espacio profundo, ahora nuestro sistema solar intenta incorporarse a un conglomerado estelar que agrupa a seis sistemas solares como el nuestro (Merope, Atlas, Maya, Electra, Coele y Taigeta), con lo cual nuestro sol, conocido con el nombre de Ors, así como los planetas que lo circundan, ahora podrá sentarse en la mesa con sus nuevos vecinos estelares. Más que terrícolas ahora seremos miembros activos de las pléyades y esa dignidad necesariamente modifica toda nuestra concepción de la vida y todo el ordenamiento que rige nuestra civilización.

Mientras que algunos hombres se obstinan en ocultar esta realidad, otros más discretos y escépticos prefieren ignorarla, pero en cualquier caso el Universo que permanece fiel a su cronograma evolutivo, ahora dispone lo necesario para que una nueva y poderosa luz que proviene de la estrella más brillante de ese conglomerado, el sol de Alción, sea la encargada de propiciar el ascenso hacia una superior dimensión de la existencia. Eso significa que nuestro sol ya no será la fuente primaria que anima la vida en la Tierra, sino que en lo sucesivo será un emisario fotónico, una especie de intermediario encargado de transmitirnos la nueva frecuencia a la que estaremos expuestos durante nuestra larga travesía de 2.000 años por el anillo fotónico.

Quienes se encuentran a la vanguardia de la investigación científica poco se aventuran a confirmar lo que desde tiempo atrás pregonaron los mayas, los egipcios y los sumerios. La verdad es que más allá de nuestro sistema solar es poco lo que hemos explorado y eso le resta consistencia a cualquier vaticinio, pero de otra parte tampoco podemos ignorar el importante acervo arqueológico que tanto inquieta a los investigadores, y menos aún los síntomas tan evidentes que ya podemos percibir en el comportamiento de nuestro sol con sus preocupantes tormentas cada vez más agresivas. De hecho sabemos que todos los planetas de nuestro sistema solar también se han visto simultáneamente afectados en su temperatura y seguramente en la actividad de su campo magnético.

En el ámbito terreno disponemos hoy de un recurso utilizado por la NASA que permite mesurar el comportamiento eléctrico en la superficie de nuestro planeta, dentro de una franja aproximada de sesenta kilómetros que se extiende hasta el borde inferior de la “ionosfera”. Valga decir que nos referimos a las ondas que percibe y registra la denominada “Resonancia de Schumann”, las cuales generan no poca preocupación, toda vez que de una frecuencia tradicional que oscilaba entre siete y ocho hertzios, ahora nuestra atmósfera muestra un incremento que sitúa dicha frecuencia en los doce hertzios. Sin duda el inestable comportamiento en la actividad solar desempeña un rol determinante en esta creciente aureola eléctrica que circunda nuestro entorno orbital.

Desde otra perspectiva no debemos soslayar las implicaciones que este cambio tan inminente genera a nivel celular, especialmente en lo relativo a los efectos de esta nueva energía lumínica sobre los organismos vivos, toda vez que su afectación directa sobre la velocidad con la que giran las partículas subatómicas, necesariamente nos sugiere una sensible reacción en el ADN de todo lo creado. La luz constituye la más viva expresión de la energía y su destello conlleva una carga imponderable de información. Si podemos darle credibilidad a la afirmación tan generalizada por estos días, en el sentido que el ADN posee doce hebras que se desarrollan a partir de las doce hélices, de las cuales los humanos apenas tenemos dos hebras despiertas, bien podríamos afirmar que nuestro mundo con todos sus avances se encuentra apenas en estado primitivo. No obstante tenemos  razones para creer que eso está cambiando ante la evidencia de muchos niños que por estos días están naciendo con tres hebras despiertas, así como algunos adultos en los que ya hay evidencia sobre análogas características en su conformación genética. No alcanzamos a imaginar cuál pueda ser el ritmo con el que se produzca esta activación genética, pero en principio suponemos que una sola hebra adicional producirá cambios insospechados en todos los matices de la vida.

La verdad es que no somos muy amigos de mirar el futuro con ojo temerario, aunque tampoco ignoramos los imprevisibles efectos adversos que este proceso pueda ocasionar en la estabilidad de nuestro planeta. A pesar de ello seguimos creyendo que el cosmos en su sabiduría está facultado para conducir la evolución planetaria en forma acertada, tal como lo advertía el prominente astrofísico Albert Einstein cuando expresaba: “Dios no juega a los dados con el Universo”.

¿Tendremos acaso los humanos la capacidad de asimilar la velocidad de este momento estelar por el que estamos atravesando, este salto cuántico que tiende a modificar toda nuestra concepción de la existencia?… difícil saberlo… por el momento será cada uno con su transformación interior el responsable de asegurar su propio ascenso hacia la luz en la mejor forma posible. En este sentido la más urgente actitud que debemos adoptar consiste en abandonar el miedo y mirar el futuro con diáfana esperanza.

Vida Grata agradece de una manera muy especial, el tiempo que tan generosamente destinan sus amables lectores para considerar estas sencillas reflexiones…

Fraternal saludo,

Mauricio Bernal Restrepo

Bogotá, Colombia

Ilustración: Tomado de: http://h2g2.com/approved_entry/A73516197

 

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