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PROCESO DIGESTIVO

By VidaGrata On noviembre 27, 2012 Under Nutrición

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Uno de los temas que más gravita en la calidad de nuestra vida está relacionado con el aspecto de la nutrición, al cual estamos necesariamente vinculados aunque no siempre en la forma más conveniente. Los alimentos que diariamente depositamos en nuestro organismo, realmente son los que van a determinar en mayor medida el estado general de nuestra salud.

Infortunadamente la generalidad de las personas maneja su sistema alimenticio atendiendo a los apremios de un apetito compulsivo y normalmente desordenado, en el cual no existe ningún rigor en el manejo de los intervalos de tiempo que deben mediar entre cada ingestión. Esta ausencia de una regularidad horaria en el suministro de los alimentos que le brindamos a nuestro cuerpo, de hecho ya comienza a generar problemas de congestión en el tránsito intestinal, pues en esa forma no le estamos dando la oportunidad al sistema digestivo para que se recupere después de cada ejercicio metabólico.

Por causa de lo anterior, el intestino se ve obligado a recibir en forma permanente una carga muy superior a la capacidad que le fue concedida para procesar los alimentos, y es justamente ahí cuando el colon se ve convertido en una despensa en la que permanecen los desechos que el organismo no alcanza a eliminar adecuadamente. El primer problema que se presenta con esta saturación es la fermentación excesiva de tales residuos cuando comienzan a descomponerse, la cual sin duda resulta precursora de enfermedades y trastornos digestivos como el estreñimiento, las hemorroides, la flatulencia, las agrieras, los reflujos, etc..

Lo descrito conlleva un efecto si se quiere más severo para la salud, toda vez que termina generando en el sistema digestivo un ambiente ácido muy propicio para el desarrollo de hongos y toda suerte de gérmenes patógenos. Si bien las defensas del organismo se  encuentran localizadas primordialmente en el sistema digestivo, este proceso de putrefacción intestinal conduce así mismo a un debilitamiento del sistema inmune, permitiendo adicionalmente con ello el ingreso de infecciones virales.

Esta es a grandes rasgos la evolución que suele presentarse cuando no tenemos una actitud frugal y ordenada con nuestros hábitos alimenticios. Realmente no podemos comer de todo y a toda hora porque esta costumbre acarrea con el tiempo serios problemas  y repercusiones en nuestra salud… el orden y la moderación en el consumo de alimentos siempre serán nuestros mejores aliados si queremos realmente vivir a plenitud. Justamente por eso la práctica del ayuno resulta tan saludable, toda vez que le permite tomar un descanso a los órganos que trabajan en el proceso digestivo, a la par que le concede al intestino un espacio de tiempo para que pueda eliminar los residuos de comida que el cuerpo ya no requiere y que sólo son promotores de ingentes problemas en la salud, tal como bien lo menciona el connotado médico Joel Robbins, cuando afirma que la saturación del colon promueve más de 60 enfermedades.

De lo anterior resulta bien evidente la necesidad de tomar la rienda de nuestra alimentación, para que sea ella justamente la encargada de garantizarnos esa buena salud que tanto anhelamos. Así como una mala escogencia de los alimentos puede ocasionarnos muchos trastornos en la salud, de igual manera una sabia nutrición puede proporcionarnos un bienestar permanente… el asunto crucial radica en saber qué debemos comer y cómo debemos hacerlo.

Ante todo debemos adoptar una actitud muy sensata en relación con el manejo del apetito… una cosa es el hambre sintomático que nos lleva a comer compulsivamente hasta sentirnos literalmente llenos, y otra muy distinta es el hambre celular en el cual nos alimentamos de manera conciente, atendiendo a las necesidades nutricionales de nuestro cuerpo. Siempre debemos darle prelación a la calidad de nuestro alimento y no a la cantidad. Cierto es que no necesitamos comer demasiado para nutrirnos adecuadamente, a condición de hacerlo en forma balanceada.

El asunto realmente no es muy complejo si lo entendemos en su justo significado. Todos los alimentos saludables que conocemos se encuentran insertos en algunos de los tres grupos esenciales como son: el grupo de las proteínas, el grupo de los carbohidratos y el grupo de las fibras. En un sentido general puede decirse que las proteínas tienen a su cargo la regeneración y renovación de los tejidos, lo que se conoce como una función estructural o plástica. No obstante que también ejercen otras funciones no menos importantes, las proteínas realmente son las responsables de formar, renovar y conservar nuestra masa corporal. De otra parte las harinas o carbohidratos son en última instancia los responsables de aportarle energía a nuestro cuerpo. En el último grupo se encuentran las fibras naturales, invaluables recurso depurativo que  actúa a la manera de una escoba encargada de barrer y eliminar los excedentes alimenticios que nuestro organismo ya no requiere. A más de eso los alimentos ricos en fibra conllevan valiosos nutrientes, así como importantes sustancias antioxidantes.

El desayuno como primera comida del día debe aportarnos la energía que el cuerpo requiere para acometer las labores cotidianas y por eso en su composición deben estar presentes los carbohidratos como el pan, las arepas, los “pancakes”, etc., al tiempo que acudimos al huevo para cumplir con el requerimiento de proteína, y de otra parte a la fruta o al  jugo de verduras para proveer el suministro de fibra. Con ello habremos conseguido un desayuno realmente balanceado al involucrar los tres grupos alimenticios, de tal manera que esta primera comida del día pueda cumplir con las funciones vitales ya descritas.

Este mismo principio rige para el almuerzo… una porción de alimento perteneciente a cada grupo, será suficiente para lograr el balance y obtener al tiempo una adecuada alimentación. Las proteínas normalmente las encontramos en las carnes, en los lácteos, en el huevo y en algunas fuentes de origen vegetal, especialmente en leguminosas como la lenteja, el fríjol, la soja y el garbanzo. El arroz, la yuca, el plátano y la papa entre otros, en su calidad de carbohidratos cumplirán con su aporte de energía, en tanto que las frutas y las verduras harán lo propio con el tema de la fibra. Si comemos papa no debemos agregar arroz, a menos que optemos por negociar la cantidad a ingerir, de tal manera que media porción de cada uno siempre estará dentro de lo prudente.

En el descanso nocturno no necesitamos energía porque la quietud del sueño no la hace realmente necesaria, como tampoco resulta muy conveniente el consumo de proteínas por causa de su lenta asimilación y también por la energía que el cuerpo requiere para digerirlas. En ese sentido mucho conviene optar por un consumo liviano de vitaminas y minerales, acompañados de buena cantidad de fibra, de tal manera que el sueño pueda convertirse en una verdadera terapia de nutrición y de limpieza. Por eso conviene disfrutar una cena muy liviana que sea rica en estos componentes y para ello la fruta dulce o semidulce nos brinda la mejor opción… una buena porción de papaya, de mango, de melón, etc., será sin duda lo más acertado.

Las harinas, las carnes y en general los alimentos grasos deberíamos evitarlas a partir de las cuatro de la tarde, tiempo en el cual conviene el consumo de alimentos más ligeros. En esa forma estaríamos concediéndole un buen descanso a nuestro sistema digestivo al evitarle la carga metabólica que generan los alimentos de lenta asimilación. A partir de esa hora deberían ingresar a nuestro aparato digestivo las vitaminas y las fibras que muy acertadamente podemos encontrar en las frutas y en las verduras. Este es un asunto de sentido común, pues nada conviene sobrecargar nuestro intestino en el intervalo de mayor quietud como es el lapso nocturno que bien debería convertirse en un tiempo realmente reparador.      

Siempre tenemos el deber de honrar nuestro templo corporal con un comportamiento austero y sensato en relación con los alimentos que ingerimos. Evitar las grasas saturadas y los alimentos artificiales o muy procesados, debería ser una norma inquebrantable en nuestra cultura alimenticia. Así mismo y a menos que sean alimentos muy saludables como las frutas, en los intervalos de las tres comidas esenciales deberíamos evitar el consumo compulsivo de alimentos insanos y toda clase de galguerías que sólo resultan promotores enfermedad. Tal como nuestra mente necesita de un descanso regular, nuestro organismo también requiere de unos espacios de tiempo que le permitan recuperarse del complejo proceso digestivo.

Es mi deseo que estas saludables reflexiones puedan contribuir a su bienestar… los espero de nuevo más adelante aquí, en Vida Grata.

Mauricio Bernal Restrepo

Bogotá, Colombia

Ilustración: No se tiene referencia del autor.

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