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TIEMPO DE CAMBIO

By VidaGrata On enero 20, 2011 Under universo

Qué asunto tan inescrutable es el Universo… tradicionalmente los humanos hemos venido afirmando que nuestro sistema solar forma parte de la galaxia y normalmente nadie se apresuraba a objetar o negar tal aserto, seguramente por causa de esa lógica algo ingenua que a veces acompaña nuestro razonamiento, en la cual, de una manera simple suponíamos que al estar nuestro planeta inserto en un sistema autónomo gobernado por el sol, ciertamente ese sistema que nos acoge debería estar integrado a una estructura de mayor envergadura, con lo cual siempre nos sentíamos miembros del conglometado galáctico.

Para los neófitos en el tema de los astros, esa era la expresión más recursiva a la que acudíamos para definir nuestro entorno espacial, sin saber cuán lejos estábamos de la realidad, pues ahora ya sabemos que nuestro sistema planetario apenas se alista para ingresar a ese cúmulo estelar, compuesto por varios sistemas análogos al nuestro. De este modo el maravilloso sol que nos calienta y que ostenta el nombre de ORS, próximamente tendrá como progenitor a otro sol de superlativa dimensión, situado en el centro de la galaxia, el cual, con su monumental tamaño y su inefable energía, rige los destinos de varios conjuntos planetarios.

Aparentemente nuestro sistema solar será el séptimo en ingresar a ese enorme recinto espacial, al que normalmente se le conoce con el nombre de las Pléyades. Así es la magnitud de nuestra vecindad en el espacio, la que seguramente guarda a su vez una similitud con otras aglomeraciones estelares de comparable dimensión. Sólo Dios sabe cuántas veces se repite esta estructura en el universo en una forma cada vez más acrecentada, y sólo Él algún día podrá contarnos si las galaxias que alcanzamos a percibir con nuestros recursos ópticos actuales, son apenas las partículas que rodean un nuevo átomo sideral de incalculable magnitud.

El sol de nuestra galaxia al que conocemos con el nombre de Alción, es una estrella de imponderable magnitud, la cual proyecta en el espacio un anillo o cinturón conformado por fotones, que bien puede ser la puerta de entrada a ese cúmulo de remolinos estelares. Así las cosas, algunos observatorios ya no dudan en afirmar públicamente que nuestro sistema solar apenas se apresta para ingresar a ese anillo de partículas lumínicas, y puede decirse que ese es el centro de toda la polémica que se cierne en torno al año 2012, en el cual comenzaremos una era de increíble brillo estelar y por consiguiente de ostensibles cambios, no sólo en el comportamiento de los planetas que circundan nuestro sol y todo el ambiente natural que los conforma, sino también y ya en una óptica terrena, en relación con la evolución de los seres vivos dentro de los cuales el hombre ejerce su papel preponderante.

El paso de nuestro sistema solar por el anillo fotónico de Alción es un proceso cíclico que se repite cada 11.000 años, y su travesía al interior del mismo requiere un tiempo de de 2.000 años, durante los cuales se estima que los seres humanos viviremos una nueva era en la que lograremos avanzar a dimensiones que no alcanzamos a imaginar. Todo aquello que hoy el hombre considera milagroso, mañana seguramente será algo rutinario y normal, toda vez que nuestras facultades y nuestro nivel de conocimiento se verán acrecentados de manera exponencial. Lógicamente ese ingreso al anillo fotónico ya ha comenzado a generar fenómenos en todos los órdenes, algunos muy perceptibles como el cambio climático, la creciente actividad telúrica, la lenta descongelación de los glaciares y la perforación en la capa de ozono, y otros no tan visibles como la mutación que al parecer ya estamos sufriendo en la estructura del ADN, en la cual el comportamiento de las nacientes generaciones ya dibuja algunos indicios. Ciertamente la luz estelar es una energía cargada de información, que de manera continua e inagotable nos llega a través de ese ácido tan afamado al que llamamos desoxirribonucleico.

Sabemos también que nuestro sol ha venido presentando cambios ostensibles y anormales en sus emanaciones de energía, y los planetas que lo circundan ya muestran un aumento en la temperatura que los abriga, de lo cual se deriva que el mandato de Alción no está dirigido solamente a nuestro planeta, sino también a los astros hermanos con los cuales conformamos la bella familia de nuestro sistema solar.

En relación con la polémica que se cierne en torno al año 2012, realmente creemos que resulta temeraria y muy inconveniente la visión apocalíptica que algunos se obstinan en difundir, seguramente por causa de una interpretación errática de la iconografía plasmada en los vestigios rupestres de culturas antiguas tan importantes como la egipcia, la hindú, la maya, la olmeca, la inca y otras desde luego no menos importantes, todas ellas tan profusas en su legado arqueológico. Así pues, si nuestra comprensión humana no alcanza a ponderar en su justa medida el curso de las eras que han acompañado nuestra historia terrena, el carácter cíclico en el derrotero de los astros sí que es una muestra bastante elocuente del comportamiento que exhibe el Universo.

Con base en lo anterior nos aventuramos a creer que el año 2012 no traerá la extinción de nuestro planeta como algunos apresuradamente pretenden afirmar. Lejos de eso, su advenimiento nos aproximará a una era de especial radiación dentro del proceso evolutivo del Universo, que bien podría interpretarse como la transición de este concepto tridimensional de la existencia, hacia otra instancia más comprometida con la coordenada de lo astral, así como del dominio de energías sutiles que apenas comenzamos a desentrañar.

Esta travesía por el anillo de Alción, sin duda va a generar cambios sensibles en la vida y en la anatomía del planeta, especialmente por efecto del lento desplazamiento que ya comienza a mostrar el eje polar, el cual ciertamente está muy asociado a todos los atípicos fenómenos climáticos y atmosféricos que acompañan nuestro tiempo. Interesa aquí destacar el carácter gradual con el que se desarrolla este proceso que ya comenzó, por lo cual conviene atenuar ese acento cataclísmico que hoy muchos quieren pregonar. Creemos que esta manera de percibir la realidad no debe difundirse entre los humanos, porque esa frecuencia de fatalidad generalizada seguramente hará más difícil la transición a la que hoy nos vemos enfrentados. Mejor convendría creer que estamos saliendo de un estado larvario, para comenzar a volar en el espacio del ascenso espiritual y del conocimiento superior, no obstante las contingencias geológicas que este fenómeno pueda generar y que esperamos no resulten tan calamitosas.

Hablar de un suceso que se aproxima en forma inminente y que ocurrió también hace 11.000 años, ciertamente no es tarea fácil y de hecho demanda la mayor sensatez, toda vez que no conocemos en su justa medida las reacciones de nuestro planeta ante un influjo de energía tan considerable. Hipotéticamente la geografía de nuestro planeta se irá modificando en la medida que el eje polar se vaya inclinando, y también se estima que nuestro viaje al interior del anillo estará caracterizado por la ausencia de oscuridad, razón por la cual tendríamos que asistir a un enorme día de veinte siglos, a un tiempo muy prolongado de inefable luminosidad estelar. Todo eso está por verse, pero en principio nos parece lógico ese presagio si en verdad nos aproximamos a un largo túnel saturado de fotones.

Oportuno resultaría cotejar esta cosmovisión con la estructura misma del cuerpo humano, en la cual el corazón como centro de la galaxia corporal, irradia su mandato a todos los órganos, utilizando como emisario a su súbdito el cerebro, para que este centro neural ejecute a través del pensamiento y la buena voluntad, el inexorable ordenamiento que rige para todo el Universo.

Tal vez por eso los asuntos de la ciencia que tradicionalmente han permanecido tan disociados de los temas espirituales, ahora parecen comprometerse en un sacro himeneo, proyectando al hombre hacia un nivel de conocimiento científico imponderable, pero siempre vinculado al desarrollo de una conciencia superior, de una ética insobornable que no admite el engaño con el que se lubrica este mundo material. Ahora le toca el turno al amor fraterno y al comportamiento solidario, para que lleven de la mano al hombre en su ascenso hacia estados superiores de evolución, pues esta tercera dimensión en la que nos encontramos inmersos ya acusa síntomas de ostensible decrepitud.

Cabe aquí preguntarse lo que será el ciclo de vida humano cuando la ingeniería genética logre fabricar cualquier órgano del cuerpo mediante el cultivo de células madre estaminales o pluripotenciales, y también cabe imaginar lo que será nuestra civilización cuando abandonemos las formas convencionales de generación de energía, normalmente finitas y contaminantes, para fundar toda nuestra motricidad en fuentes limpias e inagotables de suministro energético. Esto que parece una fábula ya comienza a ser toda una realidad, frente a la cual esperamos fervientemente una concomitante evolución en el componente ético de la humanidad… una evolución que promueva al hombre en toda su integridad para beneficio de la armonía universal, y no que lo degrade y lo extermine con afrentosos procedimientos bélicos o sórdidas tecnologías subliminales, con las que ahora se pretende afectar el comportamiento humano mediante el uso de funestas ondas electromagnéticas. El obsesivo apetito económico con todo su lastre de adversidades sociales y ambientales ya no puede seguir gobernando nuestro planeta… ahora le toca el turno a la razón, a la sensatez, a la ecuanimidad y a ese ejercicio científico que realmente avanza comprometido con el bienestar general… ha llegado el tiempo de conducir nuestra vida con la rienda del amor, pero de ese amor indeclinable y desinteresado del que tanto nos predicara el sabio y dulce Nazareno… la cultura de los privilegios económicos y los abusos del poder comienza a asfixiarse porque ya no soporta las nuevas frecuencias del orden que nos dicta la vida estelar. Ahora debemos alistar nuestro cuerpo, nuestra mente, nuestras emociones y nuestro espíritu, para recibir esperanzados la lluvia de partículas lumínicas con la que los astros humectan y fertilizan la conciencia Universal.

Espero que podamos encontrarnos próximamente para compartir otro tema de actualidad, aquí mismo, en Vida Grata.

Mauricio Bernal Restrepo.

Bogotá, Colombia.

Ilustración: No se tiene referencia del autor.

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