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UN CAMBIO DE ACTITUD

By VidaGrata On diciembre 1, 2012 Under pensamiento

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Realmente uno nunca termina de reflexionar sobre tantos y tan variados matices que presenta nuestro mundo contemporáneo, en el que si bien con alguna frecuencia surgen noticias que comportan una dosis de esperanza y tranquilidad para los humanos, por otra parte la carga de sucesos absurdos amenaza con sumirnos en una profunda preocupación. Al observar el fiel de la balanza que mide nuestro progreso, uno percibe un comportamiento enfermizo en el rumbo que parece llevar nuestra actual civilización, a la que vemos avanzando en una carrera tecnológica desenfrenada pero sin una conciencia realmente sensata acerca de su destino.

Todos los días surgen nuevos descubrimientos e innovaciones que nutren la actividad investigativa, aunque tristemente la evolución de una ciencia que atiende a la obsesión del beneficio económico por encima del bienestar que puede generar con cada una de sus aplicaciones, de hecho no nos permiten pensar que avanzamos en el rumbo más adecuado. A menos que reorientemos nuestro futuro hacia la concepción de un mundo más homogéneo y ecuánime, el anhelado postulado de la paz seguirá siendo una ingenua utopía. Nuestra morada terrena no puede seguir orientando su evolución en una forma que ignora las necesidades fundamentales que aquejan a un segmento tan amplio de la población mundial. El acceso a un techo que permita vivir en forma digna, a una nutrición adecuada que garantice niveles mínimos de salubridad y a una educación de calidad que fundamente de manera sólida nuestro futuro, son apenas tres aspectos que por derecho propio le corresponde disfrutar a todo ser humano. Mientras la perniciosa opulencia en la que viven los artífices de los grandes emporios comerciales no destine una parte razonable y justa de su fortuna para mitigar la penuria de tantos menesterosos, nuestra convivencia orbital nunca podrá resultar armónica, pues el mundo no puede proyectar su progreso acertadamente en medio de tanta inequidad.

Escapa a toda racionalidad y proporción el manejo económico que las grandes potencias realizan al comprometer una cantidad tan enorme de dinero a la industria de la guerra. En sana lógica el hombre está concebido para que pueda convivir en forma pacífica, destinando todos sus recursos a la búsqueda de un bienestar perdurable y de un progreso dinámico. El ambiente de zozobra permanente al que nos hemos acostumbrado y el derroche de recursos al servicio de la destrucción, definitivamente no constituyen un buen fundamento para forjar nuestro porvenir.

El hombre sensato que demanda nuestro tiempo no puede permanecer al margen del componente solidario, toda vez que el bienestar general es un requisito imprescindible para lograr la concordia al interior de este bello planeta, pues a ningún ser humano le agrada vivir en condiciones de miseria. La carencia de aspectos tan fundamentales como la vivienda, el alimento, la educación y el abrigo, definitivamente no pueden seguir siendo postergados indefinidamente por cuenta de otros apremios que atienden más a la preservación de una absurda hegemonía global. Es un hecho que la marginalidad siempre resulta precursora de un malestar que termina expresándose en forma violenta. El sentimiento de inconformidad hacia toda forma de subordinación ya lo podemos presenciar en distintos rincones del planeta, en los que iracundas protestas por diferentes temas conservan un fondo común en la inequidad. Cuando vemos unas manifestaciones tan concurridas en distintos rincones del planeta, protestando por el tratamiento abusivo del sistema financiero, por el maltrato ambiental, por las limitaciones a la libertad de expresión y tantos otros clamores, la solución no puede ser un implacable señalamiento terrorista para quienes participan en tales actos. La verdadera solución radica en la responsabilidad social con la que deben trabajar quienes detentan la riqueza y el poder.

Consecuentemente nuestro mundo se ve cada vez más asfixiado por una ciencia que le hace genuflexiones a la rentabilidad mientras ignora de paso la necesidad que todos tenemos de acceder a sus beneficios. Para nadie es un secreto que la industria farmacéutica actual se empeña más en prolongar la enfermedad para perpetuar con ello la venta de sus formulaciones, que en propiciar un verdadero y rápido alivio a quienes sufren con sus trastornos en la salud. Esto no puede ser… esto no cabe en la cabeza de un ser que se considere sensato y humano…esto requiere un cambio sustancial porque la salud no puede seguir supeditada a la burda codicia de unos potentados ególatras e indolentes que en el orgasmo de su macabra obsesión, llegan hasta el colmo de difundir falsas pandemias, como preámbulo para recibir en el corto plazo ingentes sumas de dinero por la venta de sus fármacos… este no es el mundo que deseamos quienes nos ocupamos en pregonar de buena fe, unos valores tan solemnes e irrenunciables como la justicia, la equidad y la verdad.

Ahora resulta bien difícil entender el destino que se le pretende dar a nuestra civilización, tan carente muchas veces de cordura. Al tiempo que nuestro mundo reclama en forma desesperada soluciones tan urgentes en temas como la preservación ambiental, los bosques son arrasados sin ninguna consideración ecológica de cara al futuro. La actividad polinizadora de los insectos cada día se ve más amenazada por la aspersión de pesticidas de alta trazabilidad. Reiteradamente vemos y escuchamos noticias sobre grandes extensiones forestales que premeditada o impremeditadamente son convertidas en carbón. Pero no contentos con eso, autorizamos a diario incontables explotaciones mineras a cielo abierto dejando en un segundo plano el estudio sobre su impacto ambiental. En una carrera desenfrenada seguimos desinflado el subsuelo con la extracción de hidrocarburos para emplearlos en una industria al servicio de la contaminación, al tiempo que desdeñamos el desarrollo de fuentes limpias de suministro energético. La energía solar es un imponderable recurso que se mantiene adormecido porque no hemos querido concederle la importancia que merece. La fuerza del viento es otro elemento en el que apenas comenzamos a interesarnos como recurso invaluable para la generación de energía. No menos importante resulta el agua que en su precipitación a través de las vertientes nos permite aprovechar y acrecentar su carga por medio de turbinas acopladas a eficientes generadores y más abajo, en los abruptos acantilados del extenso litoral, la fuerza de las olas se mantiene bien dispuesta para que el hombre por fin tome la decisión de aprovechar su enorme potencial en el desarrollo de una promisoria ingeniería maremotriz. Tristemente al final todas estas opciones deben ser postergadas porque el petróleo es quien mejor se comporta a la hora de cotizar sus “commodities” en los mercados internacionales.

Lo saludable puede esperar, es lo que parece afirmar este mundo obsesionado con el encanto de lo rentable. En aras de un beneficio económico en el corto plazo, nuestra civilización avanza hacia el abismo de una catástrofe ambiental. El imponente pero al mismo tiempo sacrificado mundo marino no sólo se ha convertido en la cloaca de todos los vertimientos industriales y desechos humanos que transportan los contaminados ríos, sino además en receptor de aberrantes cantidades de basuras plásticas, todas ellas de muy lenta degradación. Por si fuera poco, la contaminación sonora generada por los taladros de las compañías petroleras, los derrames de petróleo como el ocurrido en el golfo de México y más recientemente los accidentes nucleares como el ocurrido en la planta nuclear de Fukushima en Japón, pocas posibilidades de vida le dejan a este océano cada vez más asediado por la barbarie humana. Perfectamente se comprende porqué tantas ballenas y otras especies marinas han optado por el suicidio.

Esto no es un juego… es el presente y el futuro de nuestro planeta… es la supervivencia de todas las especies animales y vegetales… es el bienestar de todos los seres vivos que habitamos y convivimos en el atribulado entorno terreno… las grandes empresas ya no pueden seguir concentradas solamente en el desarrollo de productos rentables y en el análisis de su curva de ventas porque eso no garantiza su permanencia a futuro y menos aún la preservación del entorno que las alberga.

Ningún ser humano puede seguir al margen de las bondades que se derivan del progreso y sólo cuando el conocimiento proyecta sus benéficos resultados con un criterio ecológico y de amplia cobertura social, podríamos entonces hablar de una ciencia que avanza para servir y enaltecer al hombre… esto ya no puede seguir siendo un simple anhelo, toda vez que la coyuntura actual nos lo impone como un imperativo ineludible e impostergable para nuestra propia supervivencia. Necesitamos con urgencia un cambio de actitud que nos permita disfrutar de un entorno más justo, más limpio y más amable. Todos y cada uno de nosotros somos responsables de la huella que dejamos plasmada en nuestro paso por este mundo que tanto clama por el respeto a todas las formas con las que se manifiesta la vida.

Muchas gracias por su amable presencia en Vida Grata.

 

Mauricio Bernal Restrepo

Bogotá, Colombia

Ilustración: Tomado de: www. paintonyourface.deviantart.com

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