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UN MUNDO MEJOR

By VidaGrata On noviembre 25, 2012 Under reflexiones

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Con alguna frecuencia procuro abstraer mis sentidos, con el fin de comprender en mejor manera el significado de los sucesos que acompañan nuestro tiempo, pero debo confesar que en ocasiones me siento perplejo al divisar un mundo que marcha a la deriva… un mundo en el que no se divisa un propósito homogéneo por parte de sus pobladores, toda vez que se encuentra polarizado por una división fronteriza en la que se defiende con celo beligerante cada jurisdicción territorial, pero también por una confrontación ideológica cada vez más irreconciliable, sin comprender que el momento evolutivo por el que atravesamos, sin duda demanda un consenso global en las pautas del progreso, así como una mirada conjunta y más atenta hacia el entorno espacial en el que nos encontramos insertos.

Todo parece indicar que nos hemos dedicado a procesar la intensa actividad que se desarrolla al interior de nuestro planeta, sin advertir que somos una parte inseparable de ese sistema nervioso que compone el Universo. Entendemos el concepto de la globalización, sólo en cuanto se refiere a la forma de articular todos los rincones del orbe que nos alberga, pero difícilmente nos ocupamos en observar los hilos exteriores de los que pende nuestro mundo.  

El cambio climático ha dejado de ser una mera expresión conceptual, para convertirse en una realidad que podemos evidenciar en forma cada vez más palmaria, fenómeno que ya no podemos atribuirle solamente a nuestro desenfrenado maltrato ambiental, pues la conjunción estelar que estamos presenciando, ciertamente comporta una mayor responsabilidad en este suceso. El ingreso de nuestro sistema solar a la galaxia, si bien constituye el inicio de una Era excepcional en nuestro largo proceso evolutivo, también conlleva para nuestro mundo los traumáticos dolores de ese parto estelar.

Seguimos aferrados al ciclo normal de esta breve existencia que cursamos los seres humanos, y cuán difícil nos resulta conciliar ese tiempo tan efímero con el ritmo de vida que gobierna a las estrellas. Mientras que los terrícolas registramos el tiempo en términos de años solares, el universo marcha contabilizando las eras y eso es algo que no puede digerir fácilmente nuestra limitada memoria. Tal vez por eso nos resulta difícil despertar a la realidad y comprender mejor el momento tan crucial por el que estamos atravesando.

El desplazamiento que nuestro eje polar está sufriendo con relación a la eclíptica por efecto de esa incursión galáctica, ya comienza a mostrar sus efectos en el descongelamiento de los glaciares, lo que a su vez genera un aumento en el volumen del agua evaporada, con su consecuente crecimiento en los niveles de precipitación pluvial… de hecho ya hemos podido presenciar los estragos de unos inviernos tan torrenciales como los que nos han ocasionado el fenómeno de la indómita niña.

De una vez por todas debemos comprender que nuestro planeta está saliendo de su pubertad evolutiva y se apresta para ingresar a la edad adulta. En una franca metamorfosis, comenzamos ahora a despojarnos de esa crisálida material y ególatra a la que hemos permanecido tan aferrados, para adoptar las alas de una espiritualidad realmente trascendente y de un cambio en el nivel de nuestra ciencia como nunca antes lo habíamos presenciado. La revolución que se aproxima de manera inminente en el campo de la salud a través de la ingeniería genética, es apenas una de las ostensibles señales que auguran ese cambio, al cual se suma el relevo hacia otras fuentes limpias e inagotables para la generación de energía. La nefasta experiencia de Chernobyl y Fukushima, sin duda tienen pensando seriamente a los gobiernos hegemónicos sobre la impostergable necesidad de realizar un giro diametral en el manejo de ese delicado tema. De hecho Alemania ya comenzó a desactivar su plantas nucleares en un programa que pretende finalizar en el año 2014, al tiempo que el Japón. después de su dramática experiencia con la manipulación atómica, ya se dispone a desarrollar sofisticados complejos de energía solar en estrecha colaboración con la avanzada tecnología surcoreana.

Buena parte de las plantas que hoy se ocupan en el suministro de energía nuclear, infortunadamente se encuentran situadas en zonas de alta  vulnerabilidad sísmica, hecho que por cierto resulta más preocupante al saber que el 14% de la generación eléctrica del planeta, se deriva de 443 plantas nucleares que actualmente se encuentran en funcionamiento a nivel orbital. De las 65 plantas que existen en los Estados Unidos, se estima que 5 de ellas pueden ser objeto de peligrosos accidentes como el de Fukushima… solamente ese fragmento ya resulta aterrador.

Cierto es que las grandes crisis normalmente son el preámbulo de un tiempo mejor en materia de innovación tecnológica, y más aún cuando el mundo se ve obligado a postergar la consigna del progreso, por una más apremiante como es la de la supervivencia. No podemos seguir empeñados en desarrollar tecnologías de alto riesgo sin aprender a dominarlas previamente, exponiéndonos a una lucha agónica contra el tiempo como la que hoy enfrentan los afligidos japoneses y por supuesto muchos otros países vecinos a los que también llega el efecto contaminante.

Tampoco podemos continuar obsesionados en una carrera industrial que avanza de manera indolente frente a la preservación ambiental. Accidentes como el ocurrido en el Golfo de México por cuenta de la British Petroleum, sólo nos produce tristeza y vergüenza por el imponderable daño que este infortunado suceso ha ocasionado al patrimonio natural. De otra parte la biodiversidad no puede seguir amenazada por la irresponsable expansión de una agricultura transgénica que sólo atiende al monopolio en el mercado de alimentos, así como por la proliferación de letales pesticidas sintéticos que extinguen la microfauna del suelo y los insectos polinizadores, al tiempo que contaminan las aguas y los mismos frutos de la tierra. La explotación minera intensiva a cielo abierto tampoco puede permanecer indiferente al impacto ambiental y a la contaminación de los recursos hídricos que genera su agresivo proceso de extracción. No menos preocupante resulta la carga de basuras y desechos de lenta degradación que diariamente recibe nuestro planeta.

Bastante incertidumbre ya tenemos con los síntomas del suceso galáctico y no creemos que sea prudente aumentar el drama ocasionándole más problemas al hogar terreno…  necesitamos cambiar hacia un mundo mejor, hacia un nuevo orden en el que impere la sensatez, la ecuanimidad y sobre todo, el trato solidario entre los hombres. La opulencia de los acaudalados no puede nutrirse con la penuria de los menesterosos. Si no trabajamos por un manejo más equitativo en el acceso a los beneficios del progreso, difícilmente podremos aspirar a una paz duradera y a una vida realmente enaltecedora… infortunadamente hasta las confrontaciones bélicas son objeto de un activo interés comercial… hasta dónde hemos llegado y cuán tremenda es la obnubilación que nos produce la sórdida codicia.

Todo parece indicar que vivimos en un tiempo caracterizado por la incertidumbre y el desatino, y por eso es tan urgente redefinir los paradigmas de nuestro comportamiento. Los esfuerzos que hoy realizamos para proyectar nuestro futuro, ciertamente están orientados a promover la evolución industrial y su consecuente crecimiento económico, dejando de lado el verdadero insumo de la concordia social, la que sin duda se desprende de una distribución equitativa de los beneficios que genera el progreso. La asignación de recursos en dinero debería tener un trato más amable hacia los millones de pobladores que viven en la más angustiosa penuria.

Sin desvirtuar el mérito que la iniciativa privada merece a la hora de evaluar la pujanza que ella genera en el progreso material, nos parece que el resultado global de ese esfuerzo no tiene una orientación que mitigue la angustia de tantos seres que hoy habitan el mundo en condiciones tan precarias. Definitivamente una persona con un ingreso de dos dólares al día, difícilmente puede afectar una sonrisa y menos aún convertirse en agente de bienestar. Más de la mitad de los pobladores que alberga nuestro planeta, ahora soporta una vida en condiciones de extrema pobreza, y eso no puede arrojar por resultado la próspera y apacible convivencia que tanto soñamos.

Lejos de dogmatismos y concepciones extremas, nuestro mundo reclama con ansiedad un cambio drástico en el manejo y la concepción de la riqueza, lo cual no implica que los países acaudalados tengan que renunciar a su próspera condición… sólo se trata de mirar al hombre desvalido en su justa dimensión humana, tal como fuera encomendado por el mayor pregonero de sabiduría, cuando en forma tan elocuente nos encomendara: “Amaos los unos a los otros, tal como yo os he amado”. Bendito sea el día en el que los hombres aprendamos a tratar el mundo con la inefable ternura que una madre le prodiga al adorable hijo que lleva en su vientre.

Muchas gracias por su amable atención y espero que sigan visitando este hospitalario rincón, en el que siempre nos esmeramos por tornar la vida grata.

 

Mauricio Bernal Restrepo

Bogotá, Colombia

Ilustración: No se tiene referencia del autor.

 


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