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UNA BELLA MELODÍA.

By VidaGrata On noviembre 22, 2010 Under Sin categoría

Una de las reflexiones que más ronda mi pensamiento y que seguramente también acomete al de muchas personas, sin duda está relacionada con el real sentido que comporta nuestra existencia, pues en lo personal yo me rehúso a creer que solamente hemos venido al mundo para alimentar el cuerpo y colmar nuestras efímeras ansiedades materiales. Viéndolo desde una perspectiva humana, esa concepción de la vida me parece que resulta carente de sentido y difícilmente puede conducir a un estado de felicidad, tal como lo demuestra la vida de muchos personajes que no obstante haber saboreado las mieles de la fama y la opulencia, en el ocaso de su ciclo vital normalmente terminan sumergidos en la mayor ansiedad y en la más lúgubre depresión. Alimentar en forma obsesiva tal actitud y terminar el tiempo terreno en compañía de una morbosa obsesión por el valor material y por todas las banalidades que demanda el ego, ciertamente no puede ser la mejor manera de concebir y encauzar la existencia. Sólo cuando el hombre logra comprender la magnificencia del amor, y consecuentemente con ello procura irradiarlo para propiciar una esperanzadora sonrisa en sus semejantes, especialmente los más necesitados, podrá ingresar al sendero de la perfección y conocer la dicha de una conciencia tranquila.  Eso es lo que parece sugerirnos la reciente noticia en la cual, un personaje de amplio reconocimiento en el mundo financiero, ha resuelto en las postrimerías de su vida donar una parte muy considerable de su fortuna, para que tales recursos permitan ayudar a mitigar las necesidades de muchos menesterosos que hoy no tienen acceso a temas tan fundamentales como la adecuada nutrición, la digna vivienda y la urgente educación. Ciertamente la misma inteligencia que ha permitido a Warren Buffet construir un imperio económico tan privilegiado, ahora resulta impecablemente utilizada para comprender el justo valor y el verdadero significado que comporta el dinero. Pero no obstante su altruista manera de percibir la realidad, el señor Buffet ahora parece haberse comprometido con una apostólica labor que va mucho más allá de su situado patrimonial, en la cual se ha propuesto enfilar a prósperos y connotados personajes en este noble propósito de compartir su riqueza con la parte pobre del planeta. Es así como ha logrado seducir a otro gigante, el ecuménico Bill Gates, para que lo acompañe en esta cruzada benefactora y gracias a la diligente labor del artífice de Microsoft a través de la campaña conocida como “Giving pledge”, ya se han sumado cerca de cuarenta connotados personajes que también han decidido imprimirle un giro trascendental a su vida, donando la mitad de su fortuna, bien sea en vida o en el momento de fallecer, pero todos ellos seguramente inspirados en el sentimiento del querido viejo Warren, quien todavía no termina de preguntarse: ¿Qué sentido tiene el dinero si no es para compartirlo?… bonita y elogiable manera de comportarse con quienes hoy naufragan en la más oprobiosa penuria. Ciertamente no faltan los mentecatos que interpretan esta nobilísima actitud como una nueva manifestación del dominio imperial, en relación con los asuntos de la ética y la sensibilidad humana. Tales insensatos que sólo anidan su vida en el limbo de la inútil objeción, de hecho nunca tienen tiempo para ejercer la generosidad, esa a la que sólo se aproximan quienes han logrado comprender la grandeza y la importancia del componente solidario.

Así pues, si los años juveniles usualmente se acompañan por la vitalidad y la insensatez, en la edad madura el hombre tiene la invaluable oportunidad de pensar con mesura y de actuar con verdadero arraigo humano, imprimiendo un giro diametral a su vida, porque bien conocida es la inquebrantable ley de la causalidad, en la cual siempre recibimos justamente lo que damos y siempre cosechamos aquello que sembramos, bien sea en el curso de esta vida terrena, o en los insondables tiempos que nos aguardan más allá. Sin duda la indolencia tendrá su contrapartida en el dolor eterno y eso es lo que todo hombre razonable debe comprender, así sea en el final de su existencia. ¿De qué sirve correr incansablemente en favor de sí mismo, para comprender al final de la curva que nuestro real imperativo es el amor que se otorga en forma generosa y desinteresada?… todo momento es propicio para rescatar el profundo legado que nos dejara hace dos milenios el sabio Nazareno, en el cual se mantiene vigente la más apreciable y trascendente riqueza con la que los humanos podemos avanzar en forma pacífica y ecuánime hacia la anhelada felicidad: el verdadero amor, el amor consciente y solidario que se entrega sin esperar nada a cambio. Paradójicamente este sentimiento constituye el mejor insumo para nutrir nuestra propia vida, pues la frecuencia del amor imprime a todas las células de nuestro cuerpo un mandato de la más excelsa felicidad y el más perdurable bienestar. Por insensible que una persona sea en el manejo de su comportamiento, difícilmente podrá evitar que su corazón se vea colmado por la satisfacción que se deriva de un acto humanitario. La bondad es un atributo con el que fuimos creados, pero usualmente permanece en forma soterrada al interior de nuestro corazón y sólo por medio de la honrada reflexión, podemos rescatarla para que actúe en favor de una apacible convivencia orbital. Al otro lado del amor se encuentra el miedo, ese precursor de la codicia con la cual nos obstinamos en apropiar mucho más de lo que realmente necesitamos para vivir en forma digna y placentera. El querido viejo Warren supo desentrañar en forma admirable el verdadero significado de la austeridad en la forma de vivir, de la frugalidad en la forma de alimentarse, de la generosidad a la hora de compartir su prosperidad, y cuando muchos lo pudieron calificar de huraño y mezquino por rehusarse a exhibir los lujos propios de su elevada condición patrimonial, él seguramente se encontraba con su pequeño instrumento musical de cuatro cuerdas, entonando la más armoniosa melodía, cuyos acordes volaban hacia todos los rincones donde agoniza la esperanza, para llevar su conmovedor mensaje, impregnado ciertamente con la más regia y exquisita sustancia fraternal. Si esta actitud tan admirable fuera emulada por buena parte de la gente acaudalada, otro muy distinto sería el rostro de nuestro amado planeta.

Muchas gracias por su amable atención… aquí los espero próximamente para que juntos procuremos tornar esta vida un poco más grata.

Mauricio Bernal Restrepo.

Bogotá, Colombia.

Fotografía: Nati Harnik.

2 Comments Add yours

  1. Isol
    23 noviembre, 2010
    0:51 #comment-1

    Hola Mauricio que hermoso es leerte,yo estoy sin tiempos para venir a los blogs,pero hoy que es feriado disfruté un ratito de tus bellas palabras y me siento tan relajada,que don maravilloso tienes! te mando un abrazo muy grande!

    • vidagrata
      23 noviembre, 2010
      3:05 #comment-2

      Hola Hadita Isol:

      Qué bueno saber de ti, pues hace rato que no teníamos contacto… muchas gracias por tus palabras siempre tan amables… tal vez tengas noticia de Fugaz a quien ayer le remití el post pero el correo me fue devuelto… no sé si cambió de dirección o tenía el buzón lleno… cualquier cosa que sepas, te agradezco me la comentes… recibe un fuerte abrazo y todo el aprecio de este amigo que mucho te recuerda.

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